Jesús del Pozo, Opus 37. Tributo
POSTED BY ideavia IN RED Blog @ septiembre 6, 2011 - 2:33 pm

Una de las cosas en la que Jesús y yo encontramos nexos fue la música, siempre he visto su obra como una magna banda sonora,  quizá porque comprendí desde un principio que las aspiraciones creativas de Jesús rompian las paredes de cristal de la moda. La música,  la más efímera de las artes es una amante justa para todos los que la cultivamos.

Por eso quiero escribir esto compartiendo con vosotros algunas piezas que para mi en cierto sentido, reproducen las imagenes dentro de las palabras.

Cuando me enteré de la noticia de la muerte de Jesús del Pozo, me encontraba en mi pequeño refugio de montaña de la sierra segoviana, vampirizando la cobertura móvil del pequeño consultorio local. Estaba apoyado en esas piedras graníticas enormes con las que estas duras gentes construyen sus casas.

Más a través de la respiración que del pensamiento me trasladé al pasado, hace pocos años en el estudio de Jesús en la Puerta de Toledo. Allí estábamos Jesús y yo hablando precisamente de esta tierra que él conocía bien.  Me comentaba con su habitual gesto despreocupado las tardes que pasaba cuando era niño cerca  del Espinar donde entonces veraneaba, en un tiempo en el que “veranear” significaba beber el verano.

Me habló de sus siestas en los trigales, sus paseos entre las jaras, de olores a madera y a tierra mojada.  Las palabras de Jesús como sus creaciones eran muy físicas, textura, color, peso… Dichas por él en aquel estudio blanco se transmutaban fácilmente en objetos tridimensionales que durante unos momentos nos rodeaban y transformaban a cada instante ese escenario que compartimos juntos.

Por aquel tiempo yo me encontraba rehabilitando mi refugio, una pequeña construcción de casi cien años en un emplazamiento muy castigado por la meteorología, hablamos de los problemas que tenia para poder aislar el suelo de los numerosos acuíferos que hay en el lugar. Jesús … para guardarlo y regalárselo a través del tiempo a miles de mujeres que quizá sin saberlo, custodian todos los universos posibles dentro del corazón de un niño.me dio una serie de instrucciones para evitar las filtraciones y asegurar la confortabilidad de la casa. En aquella conversación estábamos muchas personas,  Jesús el diseñador, el  decorador y Miguel el creativo, el aprendiz… pero también había dos niños apasionados en las cosas más sencillas.

Es por esto que cuando leí en la web el titular, me parecía equivocado.  Podía ver a aquel niño dormitando en las eras, sumergido en el aroma de los cañaverales silvestres, de las rocas partidas, de las cortezas de pino derramadas... para guardarlo y regalárselo a través del tiempo a miles de mujeres que quizá sin saberlo, custodian todos los universos posibles dentro del corazón de un niño.

Nos vimos muchas veces antes y después de aquella conversación pero podría prescindir de todos los recuerdos menos de ese.  Porque para mí esas ideas están vivas hoy, además como diría el maestro - ¡qué coño! –es que las necesitamos.

Jesús amaba también la danza que no es otra cosa que la piel de la música y recuerdo cómo decia --Me gusta como se mueve el tejido sobre el cuerpo-- ¿no es eso pura danza? ¿No sería Jesús la música del tejido? Creo que él hubiera respondido --No, la música es la mujer--.

No puedo evitar reproducir melodias en mi mente cuando miro las imagenes que se publican en los medios. La que más persiste es La Sinfonia Der Klagelieder de Gorecki interpretada por Zofia Kilanowicz, muy dramática quizá pero captura en toda su esencia ese momento en el que el escenario de un teatro es más real que la butaca que nos sostiene. Allí está él dentro de su obra.